domingo, 9 de octubre de 2011
Sin nada que decir pero con ganas de hablar.
lunes, 26 de septiembre de 2011
La comunicación vía internet, ¿facilita o complica aún más las relaciones interpersonales?
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jueves, 23 de junio de 2011
Los 30: ¿una edad esposada a una lista de objetivos o simplemente un número?

Creo que el título de esta entrada deja bastante claro de lo que voy a tratar hoy. No obstante, para los que no lo sepáis y queráis ir pensando en un bonito regalo, os diré que en algo más de un mes dejaré el tierno dos para entrar en un maduro tres. Un número que se transforma en otro y que me acompañará los próximos diez años.
La verdad es que no tengo ningún apego al dos y creo que el tres me va a sentar mejor. El tres es un número curvo y sexy, se puede convertir en una E con sólo reflejarlo y cuenta historias tan bonitas como la de los tres cerditos, así que puede que él y yo vivamos unos 10 años maravillosos.
El caso es que hoy he estado pensado en esas listas de propósitos y sueños por cumplir que suele hacerse la gente, la cual suele tener una fecha de caducidad amenazando su consecución, y me he dado cuenta que la barrera de los treinta es una de las más cortantes. A menudo reside en ella la diferencia entre sentirse un fracasado o una persona de éxito. Tener un hijo, o dos; un buen trabajo; tener el pack: casa en la ciudad y en el playa...y miles de cosas que parece que si no se hacen antes de una edad ya no tienen validez. Aunque es verdad que ahora esa barrera se está desplazando hacia la derecha (como está pasando en España, ejem) y cada vez se acerca más al número cuatro, otro gracioso dibujo que se asemeja a una silla, ¿quizás por ser el momento de descansar?, lo siento pero creo que no, los cuarenta de ahora son los treinta de antes, así que los treinta deben ser los veinte, ¿pero quién quiere volver a los veinte?, yo desde luego no, ahora me siento mucho más segura de mí misma y he aprendido a quererme, la chica de los veinte no sabía, era una analfabeta emocional, así que me quedo con los antiguos treinta.
Ya están aquí y he decidido repasar cómo imaginaba la niña carligochi a la treintañera carligochi, ¿y la adolescente carligochi?, todas esas carligochis pensándose a si mismas en un futuro, ¿alguna acertaría? Probablemente no, los sueños cambian, nosotros cambiamos y la importancia de las cosas se desdibuja ante nuestras narices al toparse con la vida real, lo que era importante para la niña carligochi no lo es para la “adulta carligochi”. Aparecen nuevos sueños, nuevas metas e ilusiones que nunca habías imaginado tener. Seguramente, si todo nuestro mundo no cambiase chocaríamos una y otra vez con la frustración de no hacer realidad todo lo que imaginábamos, nos quedaríamos estáticos y sin luz, seríamos unas personas aburridas y sosas atadas a la losa de sueños inconcluso. ¿Cuál fue tu primer sueño?, ¿se ha cumplido?, una vida basada en ese sueño sería una vida muy dolorosa, siempre y cuando no se haya cumplido, claro.
Empecemos con la niña carligochi, tan rosa y blandita como mimosín, que no como la mierda de pavo... ¿Con qué soñaba tan semejante inocencia?.
La niña carligochi se imaginaba a los treinta con una casa enorme, repleta de niños de todos los colores y sabores (perdonarme por esta frase tan políticamente incorrecta, pero es así). Pero no sólo de niños vivía esa carligochi, sino que en su enorme mansión también habitaban todos los animales habidos y por haber, especialmente perros, a modo de refugio. Ningún niño sufre, ningún animal es abandonado, la niña carligochi tiene un hogar para ellos...Obviamente no hay ni niños de todos los colores, ni un refugio de animales. Aunque si que he saboreado el placer de sentir el amor incondicional de Krisis, mi perra fiel y antisocial que tanto se parecía a mí.
Ahora le toca a la carligochi adolescente, tan rebelde e inconformista como pasional y alocada.
Este punto si que es difícil porque esa carligochi cambiaba su futuro tan rápido como se enamoraba y se desenamoraba de los personajes más variopintos.
Una de las carligochis adolescentes se imaginaba viviendo en un loft en el centro de Madrid, independiente, con una carrera de éxito y miles de amantes en sus paredes.
Otra imaginaba que vivía una historia de amor tan pura como Mathilde en “El Marido de la Peluquera”. Creo que ésta es la más auténtica de las carligochis. Se imaginaba que alguien se enamoraría de ella y bailaría cada noche bajo las estrellas, pero que ese amor tan puro no podría ser eterno, y acabaría muerta a los cuarenta años con una preciosa historia de amor...Ya os he dicho que era muy dramática y pasional. Tanto, que otra de las carligochis imaginaba su vida como la de Mimi en “Lunas de Hiel”. Esa pasión desenfrenada, el sexo como motor del mundo. El catalizador de todas las pasiones dominando su vida. Amor, dolor y pasión girando sin control...Otra vez una carligochi pasional y dramática.
Pero también había una carligochi un poco más centrada en su desarrollo profesional, la cual se imaginaba así misma escribiendo guiones tan mágicos como los de Patrice Leconte, el sueño de escribir y dar vida a tu sueño en la gran pantalla, dos pasiones creando una nueva realidad. Y todo ello con un montón de pequeñas carligochis sonriendo descalzas. Carligochi siempre ha querido ser madre y tener sus propias Elena, Alba y Carla. Tantas horas imaginando todo lo que las enseñaría, cómo las educaría, cuánto amor brotaría de su corazón al multiplicarse en nuevos seres, seres a los que amar.
Estas carligochis en realidad cumplieron parte de sus sueños, el amor desgarrador de los 17, el despertar sexual y su pasión incontrolable. La perversión del amor encontrado. Todas ellas conviviendo durante años en un mundo quizá algo fantástico y dramático, pero que hacía que me levantase todas las mañanas de la cama pensando en ti.
Luego apareció una carligochi un poco más adulta y más dolorida, y empezó a darse cuenta de que lo que ella quería era hacer la maleta y vivir en un mundo azul. Lejos de todo y cerca del mar, con el viento como compañero, y así lo hizo. La carligochi que va a cruzar la barrera del dos está cerca del mar, todavía no tiene esas pequeñas carligochis, pero las tendrá; no ha vuelto a sentir el calor de una “carita de bola”, pero estoy segura de que volverá a tener otra Krisis. Vivió su historia de amor atormentada y pasional, y está volviendo a revivirla. No tiene ni oficio ni beneficio, pero ha vuelto a escribir y no se preocupa tanto por el mañana, la vida es esto, ahora estoy aquí. Los sueños han cambiado, las metas ya no son las mismas, ya no hay metas que puedan volver a frustrarme. Le damos tanta importancia a las cosas que cuando no las conseguimos nos hacemos pequeñitos, tanto que podíamos vivir en el bolsillo de una chaqueta; pero las cosas son sólo cosas, los sueños sueños son y nosotros somos mucho más que lo que tenemos, somos el resultado de un millón de acontecimientos y de personas que nos han formado y deformado una y otra vez, somo animales metamórficos y no tenemos que tener miedo por eso. Que no hayamos cumplido lo que imaginábamos hace 10 años no significa que hayamos fracasado, simplemente algo ha cambiado o ese no somos nosotros ahora, así que Bye Bye número dos, estoy esperando al número tres y no sé que espera él de mí, pero yo desde luego no se lo voy a decir.
Se despide una carligochi entre el dos y el tres.
domingo, 1 de mayo de 2011
Hoy he tenido mi propio momento “Manhattan” al más puro estilo Woody Allen

Como Woody Allen en “Manhattan” tengo que encontrar las palabras adecuadas para presentaros mi relación con Malta, difícil tarea para una analfabeta emocional, pero necesaria en cualquier caso.
El pequeño personaje de las gafas gigantes y pelo revuelto empieza una de sus tantas historias diciendo:
“Él era tan duro y romántico como la ciudad que amaba. Tras sus gafas de montura negra se agazapaba el vibrante poder sexual de un jaguar. Nueva York era su ciudad y siempre lo sería.”
La distante mujer de pelo rizado y gafas oscuras, empieza otra de sus tantas historias sin final diciendo:
Ella, siempre tan rosa y dulce por el día, como desgarradora y oscura por la noche, se dejo caer en la ciudad de la calma. Sin prisas, sin ruidos y con una luna más grande que jamás había imaginado. Recordó esas noches en las que cantaba “quisiera ser tan alta como la luna” y soñaba que algún día lo sería. No le parecía que estuviese tan lejos y todavía no había sentido el vértigo que da mirar al infinito de un cielo despejado. Sentía que esa canción estaba hecha para ella y que, de algún modo, un día conseguiría ser tan alta como *qamar. Y lo fue.
Se dejo caer en una pequeña isla sin tiempo, donde los relojes pierden sus propiedades y las campanas anuncian la llegada de las horas. Sin tiempo que mirar, pero con muchas suelas que gastar, decidió pasear cerca del mar, acompañada de Bob Dylan, Lou Reed y Christina Rosenvinge. Extraña combinación marcando el ritmo de sus pasos. Se siente libre, no hay prisas y nadie empuja a nadie.
Esta noche subirá al tejado y, como otra gata más, aullará a la luna. Noche tras noche conseguirá ser tan alta como ella. Y por fin, la canción que cantaba cuando era una niña se transformara en realidad, y todo lo imposible pasará a ser posible. Quizás un día se descubra volando por las islas mientras hace el amor. Quizás sea la primera astronauta que no necesita traje espacial. O quizás, simplemente entre en Éxtasis como Santa Teresa.
Sea como sea, y tan sólo por el momento, tiene una relación sentimental con este país. Y como en toda relación no faltan las discusiones atormentadas y pasionales que se solucionan a la luz de la luna; los abrazos sin un porqué; las aburridas tardes sin nada que hacer; los días sin noche y las noches sin día; la amistad, el odio, el sexo y el amor infantil; las mañanas sin risa que terminan con lluvia y los amaneceres más bellos que jamás imaginaste; horas de bendita soledad donde sólo estamos los tres: mi cuerpo, mi mente y tú, mi país adoptivo.
“Él era tan duro y romántico como la ciudad que amaba”; ella siempre fue una soñadora de color rosa. Él escondía “tras sus gafas de montura negra el vibrante poder sexual de un jaguar”; ella viste cristales oscuros que invitan a soñar con la chica que se esconde detrás. “Nueva York era su ciudad y siempre lo sería”; Malta es su ciudad Ahora y nunca diré un para siempre, sólo un por el momento.
domingo, 13 de marzo de 2011
SIMPLEMENTE CARLIGOCHI: Mirando a Japón y pensando en quiénes somos.
Hoy me he vuelto a levantar con una presión horrible en el pecho que pensé había dejado en España...y es que, desde que el viernes decidí abrir varios periódicos digitales para saber qué es lo que estaba sucediendo en Japón no puedo dormir bien y esa terrible sensación de ahogo me acompaña cada minuto del día. Cuando era joven y rebelde, una adolescente inconformista, desarrollé una especie de empatía enfermiza que hacía que sintiese el sufrimiento de los demás como el mío propio. Me encantaba ver películas de carácter social con mucho sufrimiento y vidas destrozadas que imaginaba yo podía salvar, y tras la cual me quedaba destrozada horas, a veces me marcaban durante días haciéndolas protagonistas de mi vida. Siempre imaginé que trabajaría ayudando a los demás, en concreto a niños y niñas con menos recursos y vidas bastante jodidas. Nunca he podido soportar el sufrimiento de un niño o de un animal, efectivamente, he escrito animal. No hay nada que más me joda que ver como se daña a seres que no pueden defenderse por si solos.
Pero todo esto cambió cuando empece a ser yo la protagonista de esos dramas y la realidad empezó a superar a la ficción. Entonces decidí no volver a ver las noticias, ni a leer un periódico...lo cual acabó convirtiéndome en una mujer sin alma y sin capacidad de sentir nada por el sufrimiento de los demás, ni por el mío propio. Todo esto fue un proceso más largo y lleno de turbulencias emocionales, pero al final acabé siendo una mujer sin corazón. Mi compañero del alma, ya no podía serlo al no tener alama; y me decía una y otra vez, “eres fría, te has convertido en otra persona”. En realidad lo hice, pero hace unos meses volví sentirme yo misma y a querer querer, lo cual me llevo a volver a mostrar interés por la vida de los demás y a abrir un montón de ventanas en busca de lo sucedido en Japón.
Lo primero que pensé es, es Japón, una super potencia con infraestructuras más que preparadas para este tipo de sucesos y una tecnología capaz de hacer frente a esto. Pero, obviamente, me equivocaba, y con cada palabra que leía iba sintiendo que mi corazón se hundía un poco más hasta abrirse paso por mi espalda...Sentí que me ahogaba...sentí que eramos vulnerables, lo somos; y empecé a pensar en todas esas caritas que ahora formaban parte de la tierra y que ayer estaban jugando, o practicando un simulacro anti-terremotos. Todo esto hizo que me pusiera fatalista y empezase a recordar películas como The Road (La Carretera), no puedo evitar pensar estas cosas cada vez que la naturaleza nos grita que somos finitos y sólo somos una especie más a la que deja habitar en sus verdes valles. Especie que la maltrata y de lo más parasitaria. Con todo esto no voy a empezar a divagar sobre el cambio climático y la mano del hombre, ya que no tengo los conocimientos necesarios para saber hasta que punto esta teoría es cierta y nosotros responsables. Desde mi ignorancia científica, siempre he pensado que todo es finito y nosotros como especie lo somos. Algún día dejaremos de existir tal y como somos ahora y nos convertiremos en otra cosa, y la tierra igual. Un día formó los continentes que ahora conocemos y en un futuro, más o menos lejano, los cambiará y surgirán nuevas especies, así que supongo que este tipo de cosas eran inevitables hasta cierto punto. Pero nosotros, hemos ayudado a destruir el planeta que nos dio la vida tal y como se nos presentó en un principio. Mirar ahora esas centrales nucleares, no sólo nos dañarán a nosotros como especie, sino que miles de especies más, tanto animales, como vegetales, se verán perjudicadas por algo que es producto del hombre. Así que amigos, deberíamos empezar a dirigir esa inteligencias, de la que tanto presumimos, hacía cosas más constructivas que sean, de algún modo, sinónimo de vida. Olvidémonos de crear cosas potencialmente peligrosas que en su definición llevan intrínseca la palabra peligro, creemos para vivir y no para morir, ya que nuestra vida en la tierra es finita, estamos aquí de prestado y quién no respeta a su madre no sé respeta a sí mismo. No somos una especie especial, ni valemos más que las demás, así que pensemos que estamos aquí de paso.
Esto no pretende ser un escrito sobre el fin del mundo, bla, bla, bla; ni mucho menos despertar conciencias, pero cada vida perdida en el desastre de japón merece que nos planteemos qué estamos haciendo y qué queremos hacer, así que imaginaros la de tiempo que deberíamos emplear en pensar en esto....
Se despide una mujer difícil
*Imagen de la película El Verano de Kikujiro
viernes, 11 de marzo de 2011
SON SUS COSTUMBRES Y HAY QUE RESPETALAS III PARTE: COSAS CURIOSAS COMO EL DUELO DE PAÑOS O MI “ALFREDO” PARTICULAR
El día 15 se acerca y mis dedos aún no han bailado para vosotr@s, es el momento de estrenar una nueva entrega de Son Sus Costumbres y Hay Que Respetarlas.
Primero hablaremos del duelo de paños. Seguro que muchos estáis estrujando vuestros cerebros para saber de qué se trata, y es que este blog es casi tan importante como...no sabría deciros cómo que, así que lo dejamos como que es tan importante. El caso es que cada mañana asomo mi cabeza por la ventana y entro en una especie de vórtice temporal que me traslada a tiempos más lejanos, donde no existían esos palos terminados en un montón de pelos locos llamados fregonas. Ni si quiera el OpenOffice quiere reconocerme la palabra...Puede que en realidad no exista y sea yo la equivocada, pero mis vecinas abren sus puertas, sacan sus cubos con agua, cogen un trapo, no sé porque pero estos trapos parecen siempre llenos de mierda, y limpian sus ventanas, suelos, puertas, aceras....con el trapo, agachadas sobre sus rodillas, ejercitan sus cuerpos como antaño para que sus casas brillen con gran alegría. Las casas pueden ser alegres así que no os sorprendáis ante tan osado adjetivo. Uno puede pensar que eso es debido a su edad, pero tengo que decir que muchachas jóvenes, o adultos como mi casero, también usan este método para dar, o quitar, color a sus vidas. Así que he pensado, y de echo lo he hecho, probar el trapo, aunque no para los suelos...bendito Manuel Jalón Corominas, y no está mal, aunque no desterraré jamás a mi amiga la fregona, la cual hace mi vida más fácil y a mi espalda menos esclava.
Segundo, y no por ello menos importante, hablemos de mi “Alfredo”, producto de mi imaginación, hace que me sienta en una película de Giuseppe Tornatore , concretamente en Cinema Paradiso. Creo que alguna vez os he hablado de mi vecino Giusepe, al cual llamo así porque me gusta, en realidad se llama Joseph.
Joseph, Giusepe o Alfredo, es viudo y vivo sólo en la casa de las plantas. Su salud no es la de un deportista pero puede permitirse correr con sus nietos mientras gritan, “¡Estoy vivo y soy feliz!” Casi todos los fines de semana vienen a visitarle los gemelos terremoto y es entonces cuando oigo a Giusepe reir. Imagino que es como ese Alfredo de Cinema Paradiso que enseña al joven Totó a amar el cine. Pero en este caso, Totó se ha convertido en dos pequeños granujillas enamorados de las historias que cuenta su abuelo, ellos siempre ríen.
Giusepe, corre calle abajo detrás de los gemelos terremoto. Alfredo canta en su terraza al ritmo que marcan los granujas de sus nietos. Joseph es feliz cuando ellos están ahí. Giusepe, Alfredo y Joseph esperan con ansía la invasión semanal de sus nietos, quieren que su soledad sea colonizada.
Pero Giusepe y Alfredo no existen más que en mi imaginación, aunque es muy probable que ésta sea la verdadera vida de Joseph.
Se despide una espectadora casual.
martes, 1 de marzo de 2011
PRIMER MES EN LA ISLA, NO ESTAMOS PERDIDOS....

Hace poco más de un mes corríamos por el aeropuerto para no perder el último avión, lo que no quiere decir que no haya más aviones, pero no significarán lo mismo que éste y no irán, de momento, tan cargado de nosotros.
Cuando pensé en escribir algo a modo de celebración por nuestro primer mes aquí, imaginaba que os hablaría de mi día a día, de cómo hemos ido acoplándonos, de mi inglés, del nuevo Sergio-andador, del pan, de las noches sin ruidos y las campanas compañeras, pero al final sólo salen de mis dedos frases cargadas de mí que quieren plasmarse en una hoja en blanco que no se puede romper.
Estamos aquí y estamos viviendo un sueño. Sin miedos y sin prisas. Todos los obstáculos que van apareciendo se solucionan rápida y fácilmente, sin dificultad y sin darle mayor importancia. La isla nos ha absorbido y quiere que seamos suyos, realmente no me importa....Estoy aquí y ahora, eso es lo que importa.
Me siento feliz y cada día voy construyendo mi hogar. Donde voy necesito crearlo y no me resulta difícil. En pocos días he conseguido domar las paredes de mi casa, soy la encantadora de viviendas y no importa donde esté, siempre podré crear el rinconcito de Carligochi.
Me siento activa, perceptiva y abierta a experimentar lo que la isla quiera ofrecerme. Hoy tocan clases de inglés, mañana espero sumergirme en el mediterráneo con mi esnórquel y hablar con los peces.
La isla me ha hipnotizado y cada noche me lleva a un lugar más cálido, y es que hacía mucho que no soñaba contigo y llevo varios días en los que tú eres la protagonista de mis noches. Creo que es porque en cada gran cambio en mi vida siempre pienso en lo que tú me dirías y cómo sería si lo estuvieras viviendo conmigo, y creo que te encantaría la isla. Siento que es un sueño que estoy realizando y que tú no has podido. Siento que si estuvieras aquí sentirías lo mismo que yo y siento que siempre estás conmigo dando pasitos hacía una vida mejor, o por lo menos, más bonita y relajada. Sé que siempre me preguntaré qué harías tú si....qué me dirías si....es algo que no podemos evitar los que hemos perdido a alguien tan importante cuando todavía estábamos construyéndonos un yo y aún dormíamos bajo las mantas del calor materno. Siento tantas cosas que a veces creo que me va a explotar el pecho porque aún te echo de menos y te quiero cada día más, pero hace ya tiempo comprendí que siempre vivirías en mis recuerdos y en la cara que veo cada mañana en el espejo, así que no te preocupes sirena del mar mediterráneo porque ahora estoy más cerca de ti y algún día me sumergiré en sus cálidas aguas para volver a oler tu piel. Te quiero Sirena del Mar Mediterráneo.
Hoy soy Simplemente Carligochi.

